Yo soy Maria, la Inmaculada

La Madre de Dios se aparece en Sievernich,
cerca de Colonia

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06.01.2009 

 

Página Alemana

 

Desde el mes de junio del 2000 se aparecen en Sievernich: la Madre de Dios, varios santos, el Papa Pío XII y san Gabriel Arcángel, a una joven y sencilla madre de familia llamada Manuela. Sievernich se encuentra aproximadamente a 30 km. al sudoeste de Colonia, cerca de Zülpich y pertenece a la diócesis de Aquisgrán.

Los mensajes: Manuela recibe mensajes de la Madre de Dios, de algunos santos y de vez en cuando de Jesús mismo. Estos mensajes son muy variados, pero no    superan las verdades que la Iglesia Católica siempre ha enseñado. Aquí tan solo podremos mencionar algunos puntos esenciales: la Madre de Dios nos hace una llamada a la conversión, a hacer sacrificios y penitencias. Nosotros debemos hacer uso del sacramento de la penitencia con mayor frecuencia y recibir dignamente al Salvador en la Eucaristía, esto es, sin haber cometido ningún pecado grave. Nosotros debemos arder de amor a Dios y también no olvidarnos de nuestro prójimo. Ella desea especialmente que a su divino Hijo le rindamos el honor que se merece. Esta es la manera como Ella desea que adoremos al Señor: a menudo y con fervor. Sí, nosotros debemos de orar incesantemente. Ella desea que en todo lo que hagamos permanezcamos pequeños y humildes. Ella hace una llamada a sus hijos, los sacerdotes, a volver al buen camino y seguir a su divino Hijo. También las profesías forman parte de sus mensajes.

Dirección de la Iglesia: El Obispo competente ha designado para Manuela un sacerdote como director espiritual.

Santa Teresa de Ávila: la gran mística española y Doctora de la Iglesia, le da consejos a Manuela regalándole oraciones de una profundidad extraordinaria. Quien ha leido los escritos de santa Teresa, nuevamente puede reconocer con toda claridad en los textos que ella le revela, su manera de expresarse y su temperamento.

Señal Eucarística: durante la adoración ante el Santísimo expuesto durante el encuentro de oración llevado a cabo el 8 de noviembre del 2004 en Sievernich, muchas personas vieron durante 15 minutos delante de la Hostia santa al Niño Jesús. Cuando el sacerdote retiró la Hostia de la custodia también desapareció el Niño Jesús.

Las tres “llaves”: El día 7 de octubre del 2002, la Madre de Dios le dijo a Manuela: “...Mi pequeña perla de oración, aquí te entrego las llaves de mi divino y amado Hijo Jesucristo. ¡Calla, no hables al respecto, guarda silencio! Las llaves te servirán de arma contra todas las tinieblas. Ahora, tú sabes lo que pasará. ... Sólo al santo Padre en Roma, mi amado Pastor, le daré las llaves. Por favor no hables, pues no te creerán. No obstante, todo se cumplirá.” Estos secretos le fueron entregados al santo Padre el 11 de febrero del 2004.

Peticiones del cielo en Sievernich: La Madre de Dios desea una fuente de la Inmaculada para aliviar a los que sufren. Pero un deseo aún mayor es la formación de un centro espiritual en Sievernich. Jesús mismo dijo el 10.05.2003: “Este lugar ha sido reservado para Mí y Mi Madre. Yo quiero que las personas construyan un centro en este lugar, que esté al servicio de la Iglesia, Mi Cuerpo, y de esta manera me servirán a Mí. Servid con fidelidad y honradez a mi Padre que está en el cielo, a Mí, su Hijo y a su Madre. Allá se deberá llevar a cabo lo que Yo os enseñé, lo que dice la Iglesia. ¡Lo que Yo quiero sucederá, Yo triunfaré!” La Madre de Dios dijo el 02.06.2003: “Yo lo deseo así, mi Hijo lo desea. Yo deseo que se contruya un centro al servicio de la fe en este lugar. Satanás expresará su furia. Yo estoy con vosotros.”

 

Del Catecismo de la Iglesia Católica concerniente a las revelaciones privadas:  En el transcurso de los siglos se han dado las llamadas “revelaciones privadas” algunas de las cuales han sido reconocidas por las autoridades de la Iglesia. Sin embargo, éstas no pertenecen al bien supremo de la fe. Éstas no  sirven para “perfeccionar” o “completar” las revelaciones definitivas de Cristo, sino que nos deben de ayudar, en un determinado tiempo, a vivirlas con mayor profundidad. Bajo la dirección del Magisterio de la Iglesia, el sentido religioso de los creyentes sabrá percibir y diferenciar lo que en dichas revelaciones es una verdadera llamada de Cristo o de sus santos  a su Iglesia.


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